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The St. Paul Center for Biblical Theology The St. Paul Center for Biblical Theology
October 4, 2008 - 8:24 AM EDT
"Did not our hearts burn within us...as he opened up to us the Scriptures?"
—Luke 24:32
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27 de mayo de 2007, Pentecostés

Un viento impetuoso

 

Lecturas:

Hechos 2,1-11

Salmo 104,1.24.29-31.34

1 Corintios 12,3-7.12-13

Juan 20,19-23

 

El don del Espíritu al nuevo pueblo de Dios corona las proezas hechas por el Padre en la historia de la salvación.

 

La fiesta judía de Pentecostés llamaba a todos los judíos devotos a Jerusalén para celebrar su nacimiento como pueblo escogido de Dios, en la Ley de la Alianza dada a Moisés en el Sinaí (cfr. Lv 23,15-21; Dt 16,9-11).

 

En la primera lectura de hoy, los misterios prefigurados en esa fiesta se cumplieron al derramarse el Espíritu sobre María y  los Apóstoles (cfr. Hch 1,14).

 

El Espíritu sella la nueva ley y la nueva alianza traída por Jesús, escrita no en tablas de piedra sino en los corazones de los creyentes, como los profetas lo prometieron (cfr. Jr 31,31-34; 2 Co 3,2-8; Rm  8,2).

 

El Espíritu es revelado como el aliento dador de vida del Padre; como la Sabiduría mediante la cual Él hizo todas las cosas, según cantamos ahora en el salmo.

 

En el principio, el Espíritu vino como un “viento poderoso” que volaba sobre las aguas de la tierra (cfr. Gn 1,2). Y en la nueva creación, Pentecostés, el Espíritu nuevamente viene como “una impetuosa ráfaga de viento” para renovar la faz de la tierra.

 

Así como Dios formó al primer hombre del polvo y lo llenó con su Espíritu Santo (cfr. Gn 2,7), en el Evangelio de hoy vemos al Nuevo Adán convertirse en un Espíritu dador  de vida y soplar nueva vida en los Apóstoles (cfr. 1 Co 15,45.47).

 

Como un río de agua viva, por todos los siglos Él derramará su Espíritu sobre su Cuerpo, la Iglesia, como escuchamos este día en la epístola (cfr. Jn 7,37-39).

 

Recibimos ese mismo Espíritu en los sacramentos, ya que nos hace una “nueva creación” en el Bautismo (cfr. 2 Co 5,17; Ga 6,15).

 

Bebemos del mismo Espíritu en la Eucaristía (cfr. 1 Co 10,4), y somos las primicias de una nueva humanidad, conformada de entre todas las naciones que hay bajo el cielo, sin distinciones de condición, lengua o raza. Somos un pueblo nacido del Espíritu.

 

Al Partir el Pan

 



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