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2 de Marzo de 2008, 4o. Domingo de Cuaresma

Vista a los ciegos

 

Lecturas:

1 Samuel 16,1. 6-7.10-13

Salmo 23,1-6

Efesios 5,8-14

Juan 9,1-41

 

Dios ve las cosas de modo diferente a nosotros, escuchamos en la primera lectura de hoy. Jesús ilustra esto en el Evangelio: el ciego adquiere la vista y los fariseos se vuelven ciegos.

 

El ciego representa a toda la humanidad. Él, que “ha nacido todo entero en pecado” (Jn.9.34), es hecho una nueva creatura mediante el poder salvador de Cristo.

 

Así como Dios formó al primer hombre del barro de la tierra (cf. Gn 2,7), Jesús da una nueva vida al ciego al ungir sus ojos con barro. (cf. Jn 9,11). Así como Dios insufló en el primer hombre el espíritu de vida, el ciego no es sanado hasta que se lava en las aguas de Siloé, que significa “enviado”.

 

Jesús es el “Enviado” del Padre para cumplir su voluntad (cf. Jn 9,4; 12,44). Él es el nuevo manantial de agua dadora de vida: el Espíritu que se derrama sobre nosotros en el Bautismo (cf. Jn 4,10; 7,38.39).  

 

Este es el Espíritu que viene sobre el rey elegido por Dios en la primera lectura. David es un pastor, como lo fue Moisés antes que él (cf. Ex 3,1; Sal 78,70.71); también es una figura del Buen Pastor, el rey que ha de venir: Jesús (cf. Jn 10,11).

 

El Señor es nuestro pastor, como cantamos en el salmo de hoy. Por su muerte y resurrección nos ha abierto un camino a través del valle oscuro del pecado y de la muerte, conduciéndonos a las verdes praderas del reino de vida, la Iglesia.

 

Él ha refrescado nuestras almas en las tranquilas aguas del Bautismo. Ha ungido nuestras cabezas con el aceite de la Confirmación; ha preparado ante nosotros la mesa de la Eucaristía y ha llenado nuestra copa hasta los bordes.

 

Con el que una vez fue ciego, entramos a su casa para darle la alabanza a Dios, para renovar nuestro voto: “Creo, Señor”.

Hoy escuchamos que “el Señor mira el corazón”. Que Él nos encuentre viviendo como hijos de la luz, tratando siempre de aprender lo que agrada a nuestro Padre, como San Pablo aconseja en la epístola de este día.

 

Al Partir el Pan

 



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