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October 4, 2008 - 8:12 AM EDT
"Did not our hearts burn within us...as he opened up to us the Scriptures?"
—Luke 24:32
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24 de Febrero de 2008, 3er Domingo de Cuaresma

Golpe a la Roca

 

Lecturas:

Éxodo 17,3-7

Salmo 95,1-2.6-9

Romanos 5,1-2.5-8

Juan 4,5-15.19-26.39-42

 

Los corazones de los israelitas fueron endurecidos por las pruebas en el desierto.

 

Aunque habían visto las proezas de Dios, cuando estaban sedientos murmuraron contra Él y lo pusieron a prueba, según nos dice la primera lectura de hoy. El salmo recuerda también ese momento de crisis.

 

También Jesús tiene sed en el Evangelio de hoy. Está sediento de almas (cf. Jn 19,28). Anhela dar a la samaritana las aguas vivas que brotan hasta la vida eterna.

 

Esas aguas no podían sacarse del pozo de Jacob, padre de los israelitas y también de los samaritanos. Pero Jesús es mayor que Jacob (cf. Lc 11,31-32).

 

Los samaritanos eran israelitas que escaparon del exilio cuando Asiría conquistó el Reino del Norte, ocho siglos antes de Cristo (cf. 2R 17,6; 24-41). Fueron despreciados por casarse con no-israelitas y por rendir culto en el monte Garizim, no en Jerusalén.

 

Pero Jesús le dice a la mujer que ha llegado “la hora” del auténtico culto, cuando todos adorarán a Dios en Espíritu y en verdad.

 

La “hora” de Jesús es el “tiempo señalado” del que San Pablo habla en la Epístola de hoy. Es la hora en la que la Roca de nuestra salvación fue golpeada en la Cruz. Herida por la lanza del soldado, de nuestra Roca brotaron aguas vivas (cf. Jn 19,34-37).

 

Esa agua es el Espíritu Santo (cf. Jn 7,38-39), don de Dios (cf. Hb 6,4).

 

Por las aguas vivas, se ha lavado la antigua enemistad entre samaritanos y judíos; se ha derrumbado la muralla entre Israel y las naciones (cf. Ef 2,12-14.18). Desde la llegada de la hora del Señor, todos pueden beber del Espíritu en el bautismo (cf. 1 Co 12,13).

 

En esta Eucaristía el Señor está en medio de nosotros, como lo estaba en la roca del Horeb y en el pozo de Jacob.

 

En el “hoy” de nuestra liturgia, nos llama a creer que Él es Aquel que ha venido a derramar el amor de Dios en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo. ¿Cómo podemos seguir rindiendo culto como si no entendiéramos esto?¿Cómo podemos seguir con nuestros corazones endurecidos?

 

Al Partir el Pan

 



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