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October 4, 2008 - 8:12 AM EDT
"Did not our hearts burn within us...as he opened up to us the Scriptures?"
—Luke 24:32
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13 de Enero de 2008, El Bautismo del Señor

Ungidos

 

Lecturas:

Isaías 42,1-4.6-7

Salmo 29,1-4.9-10

Hechos 10,34-38

Mateo 3,13-17

 

Jesús, en el Evangelio de hoy, se presenta a recibir el bautismo de Juan; no porque sea pecador, sino para cumplir la palabra de Dios proclamada por sus profetas. Debe ser bautizado para revelar que Él es el Cristo ("ungido"), el Siervo dotado del Espíritu prometido por Isaías en la primera lectura de este día.

 

Su bautismo marca el inicio de un mundo nuevo, una nueva creación. Según lo que profetizó Isaías, el Espíritu desciende sobre Jesús como una paloma; así como en el principio, aleteaba por encima de las aguas (cf. Gn 1,2).

 

Como en el principio, también en el Jordán truena la majestuosa voz del Señor sobre las aguas. El Padre abre los cielos y declara que Jesús es su "Hijo amado".

 

Como Pedro enseña en la segunda lectura de hoy, Dios había preparado a los israelitas para su llegada desde hacía mucho tiempo. Jesús fue anticipado en el "hijo amado" dado a Abraham (cf. Gn 22,2.12.16) y en el nombre de "hijo primogénito" dado a Israel. (cf. Ex 4,22-23). Jesús es el hijo unigénito de Dios, el heredero eterno prometido al rey David (cf. Sal 2,7; 2 S 7,14).

 

Él es " una alianza con el pueblo [Israel]" y "una luz de las naciones", dice Isaías. Por la nueva alianza hecha en su Sangre (cf. 1 Co 11,25), Dios ha reunido, tanto a las ovejas perdidas de Israel como a todo aquel que le teme en cada nación.

 

Cristo se ha convertido en la fuente desde la cual Dios derrama su Espíritu sin distinción sobre israelitas y gentiles (cf. Hch 10,45). En el Bautismo, todos somos ungidos con el mismo Espíritu y somos constituidos hijos e hijas amados de Dios. Efectivamente, somos cristianos, lo que literalmente significa "ungidos".

 

Somos los "hijos de Dios" que menciona el salmo de hoy, llamados a glorificar su Nombre en su templo. Oremos para que permanezcamos fieles a nuestra vocación de hijos; oremos por que nuestro Padre pueda decirnos a cada uno como a su Hijo: "muy amado…en quien me complazco".

 

Al Partir el Pan

 



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